¡Hola!
Soy María José Prieto

Chef profesional, bumanguesa de corazón y la mente (y sazón) detrás de Colombia Bite Club.

Toda la vida supe que quería dedicarme a la cocina. Crecí en un hogar rodeada de mujeres apasionadas por este mundo, pero hubo una persona que marcó todo: mi tía Geña. Una santandereana berraca y echada pa’lante, que se dedicaba a esta hermosa profesión con una entrega absoluta.

Tenía manos mágicas. Era una verdadera artista. Todo lo que hacía —tejidos, bordados, postres, cocina de sal— le quedaba hermoso y delicioso. Absolutamente todo.

Crecí a su lado, viéndola hacer cenas para 100 personas ella sola, llenando la sala y el comedor de platos impresionantes. Pero también la vi en lo cotidiano: preparando almuerzos del día a día, esos sabores que aún hoy me hacen sentir cerca de casa.

Fue gracias a ella que siempre dije: cuando sea grande, quiero ser chef, como mi tía Geña.

A los 14 años me mudé a Estados Unidos, y fue justamente en la distancia donde más fuerte sentí mi conexión con Colombia. Extrañar mi tierra me enseñó a valorar profundamente nuestra cultura, nuestra comida y nuestros sabores.

Volver a Colombia a los 18 fue una de las mejores decisiones que he tomado. Es curioso cómo el dicho “siempre queremos lo que no tenemos” cobra tanto sentido: tuve que irme, conocer otras culturas y vivir lejos, para entender la nostalgia de no poder oler, probar y sentir aquello que nos conecta con nuestra infancia, nuestra familia y nuestras raíces.

A los 19 años me mudé a Medellín y, por fin, decidí empezar mi camino en la cocina. Estudié en la escuela Mariano Moreno, donde todo empezó a tomar forma.

En segundo semestre, una profesora me dijo algo que nunca olvidé: que la cocina colombiana tiene el poder de conectarnos con nuestras emociones, de hacernos sentir cerca de casa a través de los sentidos. Y ahí lo entendí todo. Supe que quería dedicarme a esto.

Al principio, mi idea era enseñarle nuestras tradiciones a personas de otros países. Medellín, siendo una ciudad tan turística, representaba una gran oportunidad para mostrar quiénes somos a través de la comida. De ahí nace el nombre Colombia Bite Club, en inglés —algo irónico, porque con el tiempo el proyecto se transformó en algo mucho más profundo: enseñar, recordar y reconectar con nuestra cocina tradicional.

Hice algunas clases, pero sentía que algo faltaba. Que no terminaba de moverme por completo.

Y entonces, casi sin planearlo, todo cambió.

Decidí subir un video mostrando cómo hacía una torta de almojábana. No tenía la intención de crear contenido para redes ni de enseñar recetas por ese medio. Solo quería tener algo que mostrarle a las personas interesadas en mis clases.

Pero el video explotó. Se viralizó al instante.

Y supe que no podía dejar pasar esa oportunidad.

Empecé a crear contenido y la página comenzó a crecer rápidamente. Me di cuenta de que, a través de una pantalla, podía conectar con miles de personas. Personas que, como yo, sienten la comida como un puente hacia sus recuerdos, su identidad y su hogar.

Colombia Bite Club nació de ese deseo profundo de compartir lo que amo.
De mostrarle al mundo que nuestra cocina es compleja, rica y hermosa.

Y, sobre todo, de invitar a todos —colombianos, curiosos, nostálgicos— a sentarse a la mesa y sentirse parte de esta historia.

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